domingo, 4 de junio de 2017

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The Big Bang Theory

Conocer a otra persona es un acontecimiento, una aventura, donde se pueden dar diversas variantes.

Estas cambian según las personalidades de cada cual y, sin duda, según las necesidades que demanda el vacío del corazón, sus magulladuras, ese lugar en el que solo se puede entrar de puntillas.

A veces a la gente le unen aficiones comunes, o proyectos, o necesidades, o heridas.

Sea como fuere, cuando se empieza a hilvanar una relación entre dos personas, el pasado está ahí, influyendo en mayor o menor medida en el presente. Se pueden tener pensamientos opuestos, como un "¡hala, me llevo muy bien con esta persona. ¡Guay!", hasta un "una retirada a tiempo es mejor que salir herido". Pero quedarse ahí, sin más, no es solo un caso de cobardía: también lo es de quererse poco.

Homeland 

Llega el momento en el que uno y otro, con un trasfondo real o bien con unas ideas preconcebidas, consideran que han llegado "a casa". Es quizá el momento más delicado, pues aquí es donde se pone en juego la relación que haya en ese momento.

"Llegar a casa", echar el ancla en el suelo estable que Dios nos prepara, precisa tener a alguien que, en caso necesario, tire de la cuerda que tenemos atada alrededor de la cintura para que siempre podamos volver a la nave nodriza.

Para poder llegar a una amistad sana es necesario conocerse uno mismo (los miedos, los virtudes, por dónde cojea uno...) y no asustarse de que la proximidad de alguien nos ponga en guardia o nos active mecanismos de defensa de lo más variopinto. ¡Es lo normal!

Pero para atreverse a  mostrar las heridas es absolutamente necesario conocerlas y saberlas distinguir. No basta con "saber" -haberlo racionalizado-, sino también con tener un conocimiento empírico de la herida, ante la cual es imprescindible "saber no asustarse" si esta se pone en pie. Y saber abrazarla con amor y dejar (¡o incluso pedirlo!) que te abrace el amigo, sin condiciones, sin comparar heridas; con gratuidad.

Una herida no es ni más ni menos profunda que otra. E incluso la misma herida puede doler diferente en una persona u otra.

Es el momento de ir quitándole vaho a los cristales. Es el momento de la verdad, no una verdad pura y dura, descarnada, sino de permitir que vean, poco a poco, con naturalidad, el yo verdadero, que (ya lo hemos dicho) no está exento de heridas.

Juego de tronos

Si alguno de los anteriores aspectos -entre otros muchos, pero aquí nos vamos a centrar solo en estos pocos- no se dieran, puede desequilibrarse la balanza de la amistad. Puede perder la razón de ser.

A veces compararemos y nos quejaremos de "no recibir" lo que damos, o de no querer dar el brazo a torcer (no ceder) para que la amistad pueda seguir existiendo.

Si se entra en una dinámica de "exponer", "no explicar" y "exigir", es decir, si se intenta (con o sin intención) que el otro se adapte sin condiciones (y "sin condiciones" ya es una "condición") a la manera de ser uno ("yo soy así; es simple: lo tomas o lo dejas"), el equilibrio se rompe.

Dos personas que son amigas se encuentran en un punto más o menos intermedio entre ambos. Ninguna está por encima de la otra. A partir de ahí se negocia, pues a veces será uno el que necesite que le echen un cable y otras el otro. 

En el submundo gay es muy frecuente que uno de los dos quiera asumir un papel que produce un desequilibrio. Un rol de "el más herido", el que necesita que estén por él (esto es algo de lo que no debemos extrañarnos, pero no puede ser una constante), el que no hace suyo el dolor del otro y, por ello, compara. Y también pueden surgir las desconfianzas.

Llegados a este punto, si no se pueden solventar las diferencias, lo mejor es dejarlo correr. ¿Cuánto? O el interés se demuestra de manera recíproca o todo será agua pasada, una oportunidad desperdiciada para poder ir adelante, para sanar. Será un fracaso.

Ni siquiera podemos hablar de una relación amor-odio, sino de miedo: a mostrarse, a quererse, a fiarse; en definitiva, a amarse a sí mismo.

¿Cuántas veces una relación entre dos hombres heridos se ha llamado "amistad" muy pronto, sin una base real? ¿Y cuántas veces se "deja estar" esa relación por un tiempo, como si el tiempo curase lo no hablado, lo escondido, las llagas?

Sucesor designado

Una vez liquidada esa relación y superado el "tiempo de duelo" durante el cual cada uno se pone en un lugar a salvo (en la zona de confort, donde nadie ni nada le puede llegar a alcanzar porque ese uno está muy escondido, donde nadie puede dañarle porque va por la vida con los sentimientos anestesiados), se buscará un sucesor, "el siguiente", esperando que el nuevo conocido no sepa de las fragilidades, donde no haya que arriesgar, donde uno no sea más que uno más entre muchos.

Y llegados a este punto, todo se irá repitiendo como un bucle.

Y este bucle, este círculo vicioso, solo se solucionará si en una de estas relaciones se arriesga sabiendo que hay un brazo que va a sostener y no nos va a dejar caer.